El medio natural cercano pasa con frecuencia desapercibido. Poco a poco actividades diversas nos alejan de nuestros ríos, de nuestros árboles, de nuestros campos…. También de aquellas especies de animales que formaban parte del día a día en generaciones pasadas, como diversas aves, erizos, conejos, perdices…. Con mucha facilidad olvidamos que existe y mientras, diversas actividades humanas lo van trasformando. Nuestro Patrimonio Natural va desapareciendo y con él parte de nuestra cultura y nuestra historia ligada al uso racional, la mayoría de las veces, de sus recursos naturales.

El Medio Natural de Andorra se encuentra profundamente afectado por  actividades humanas, al igual que tantos otros municipios, sin embargo, su riqueza potencial es mucha. Lugares, especies, rincones y ambientes diversos salpican el territorio. 

 

El Medio Físico 

Situación geográfica

 El municipio de Andorra, pertenece a la Comarca Andorra–Sierra de Arcos.  Se encuentra situado al Noreste de la Provincia de Teruel, en el Somontano del Sistema Ibérico Turolense. Por el Norte se adentra en la Depresión del Ebro. Presenta una superficie de 141,49 Km (14.149 Ha) y una altitud entre 500 y 900 m.

El 70 % del suelo del término municipal está dedicado a zonas agrícolas (9.904,1 ha), el 25,1%  son zonas forestales con vegetación natural y espacios abiertos (3549,2 ha) y el 4,9 % es superficie artificial (687,4 ha).

También cuenta con dos zonas protegidas: 2,7 ha LIC del Parque Cultural del Río Martín y 18,3 ha  ZEPAs de los Desfiladeros del Río Martín.

Principales relieves

El tramo final de La Sierra de Arcos, perteneciente a la Rama Turolense del Sistema Ibérico, lo recorre en dirección Noroeste-Sudeste otorgando al paisaje una belleza serena y característica con altitudes comprendidas entre los 800-900m.

Sus principales cumbres son:

  • Norte: La Cerrada (820 m)
  • Oeste: la Peña del Gato (835m), la Torre Forestal (862m), el Cerero (855m), Carralloza (795m) y el Chorrillo (803 m).
  • Sur-Este: Horca Llana (774 m), la Tajonera (806m), Peña el Grallero (741m), Cantera La Jaima (834m) y la Peña del Águila (818m)
  • Sur: el Monte de San Macario (802m), el Monte Piagordo (862m) y el Cabecico Redondo (861 m).

Mapa elaborado por EnImagen, actualmente LaNube Estudio Creativo (Andorra-Teruel),  para la Exposición «El Medio Natural de Andorra» realizada por las alumnas y alumnos del Taller de Educación Ambiental de la Universidad Popular de Andorra (UPA), en 2003. 

  • El Monte de San Macario es un lugar entrañable para la población ya que en él se desarrollan numerosas actividades lúdicas, de convivencia y educativas al encontrarse en su cima la Ermita y el Parque de San Macario. Desde  sus miradores se puede contemplar una gran parte del paisaje de Andorra, tanto el casco urbano como el entorno natural. Es un lugar de visita obligada para quienes se acerquen a conocer este municipio. Cuenta además con el Poblado Íbero de El Cabo (Parque Arqueológico).
  • El Monte Piagordo, es un cerro testigo de la altitud existente hace millones de años, antes de que la erosión hiciese su trabajo. Es el elemento central de un paisaje hermoso y desnudo.
  • En general se trata de  lugares accesibles para visitar y disfrutar del paisaje natural característico de la zona. Pueden apreciarse en  el Mapa del municipio de Andorra.

Geología

En el término municipal de Andorra se pueden diferenciar dos zonas distintas desde el punto de vista geológico: la parte nororiental que se adentra en la Depresión del Ebro (con rocas más recientes) y el resto que pertenece a la unidad del Sistema Ibérico.

Al final del Terciario aparece un paisaje plano que se irá modelando desde principios del Cuaternario dando lugar a suaves pendientes al pie de los relieves (glacis) y a muelas o cerros testigos como el monte Piagordo. Otras formas importantes pertenecen al encajamiento de la red fluvial.

La orogenia alpina dio lugar a pliegues y cabalgamientos de dirección NO-SE, formándose la Sierra de Arcos y la cubeta de Andorra constituida por rocas erosionadas que se van sedimentando.

Hidrología

El Río Regallo, afluente directo del Ebro por su margen derecha,  atraviesa el municipio en dirección sur- norte con un recorrido de 50 km. Nace en la Balsa del Olmo a los pies del Monte Piagordo y se le conoce popularmente como “Regatillo o Regallico de San Julián”. Atraviesa la población canalizado. Acoge  dos cauces o afluentes principales: el Arroyo de Val de Molinos  por el suroeste, que se une a él en la Plaza del Regallo y la Acequia de la Val Común por el sureste que se une ya en el término de Híjar. Llega a este municipio con un mayor caudal ya que recoge el agua vertida por la Central Térmica procedente del río Guadalope y utilizada para la refrigeración de las torres.

Es en este último municipio donde se encuentra una pequeña catarata o salto, de entre 2 y 3 metros, conocida como el «Salto del Regallo»

Desemboca en el Ebro a la altura de Chiprana (Zaragoza). 

A pesar de ser un río pequeño y poco caudaloso, en algunos tramos, como en la zona de El Estrecho, presenta una ribera frondosa con  especies características como chopos, sauces, aneas y juncos, entre otras. Discurre además cercano a zonas de pinar mediterráneo.

Clima

El clima, mediterráneo continentalizado ha presentado históricamente inviernos muy fríos con medias de 5,1 º en enero llegando en ocasiones a temperaturas bajo cero y veranos muy secos y calurosos con máximas, en torno a los 35º – 40º en julio y agosto. Los hielos y nieves, frecuentes en otras épocas han ido disminuyendo  dando paso en la actualidad a inviernos mas suaves con heladas puntuales y, en general a temperaturas más altas a lo largo de todas las estaciones.

Las precipitaciones suelen ser escasas e irregulares alcanzando su máximo pluviométrico en primavera.

Los vientos están presentes el 86% de los días, sobre todo el Cierzo que sopla en dirección norte-noroeste.

Desde primavera hasta ya bien entrado el invierno podemos encontrar temperaturas agradables y días soleados, ideales para hacer senderismo y practicar otros deportes como ciclismo y/o atletismo. 

 

Recursos Naturales y Economía Tradicional 

AGRICULTURAGANADERÍACARBÓN

El paisaje de Andorra es un paisaje muy humanizado debido a las diferentes actividades económicas que se han ido realizando a lo largo de los siglos, tanto  tradicionales como las derivadas del impacto de la minería y la industria, conviviendo así  terrenos cultivables con polígonos industriales y explotaciones mineras. Aún a pesar de ello, trasmite quietud y siguen  formando parte de su paisaje elementos de la vida tradicional a través de los olivares, huertos, campos de cereal, rebaños de ovejas y núcleos de mases testigos del origen de la villa y de su tradicional forma de vida. Estos elementos humanizados están enclavados dentro de una zona natural de monte mediterráneo. 

La agricultura

OLIVOALMENDROESTEPA CEREALISTAHUERTOS FAMILIARES

Tradicionalmente la economía del municipio se sustentaba en la agricultura y la ganadería. Los cultivos característicos del área mediterránea, como el olivo y la vid, fueron reduciendo su superficie dando paso a una mayor extensión de cereales de secano (avena, cebada, trigo, centeno..) y almendro que ha ido sustituyendo a la vid.

Cultivos tradicionales en La Sarda

 

Según el censo agrario del año 2009 publicado en la Estadística Local de Aragón del Instituto Aragonés de Estadística, la superficie del término municipal dedicada a zonas agrícolas es del 70 % (9.904,1 ha) de las cuales se considera Superficie Agraria Utilizada (SAU) el 66,1% (9.345,5 ha). La mayor parte de este suelo agrario está dedicado a los cultivos de secano: cereales (3.665,2 ha), frutales (275,7 ha), olivar (1307,3 ha) forrajeros (123,6 ha), viñedos (21,7 ha), barbechos (3.032,1 ha)… Un reducido número de hectáreas son utilizadas para el regadío (140,5 ha) que corresponden a pequeños huertos familiares.  Cabe destacar que en el año 2016 sólo había 100,1 ha destinadas a la agricultura ecológica.

Los cultivos abandonados se han ido naturalizando con matorral.

El olivo (Olea europaea)

Cultivo  típico del área mediterránea e identificativo del Bajo Aragón Histórico, ocupa una gran superficie del término contribuyendo a la economía familiar. El “empeltre” es la variedad más utilizada.

El aprovechamiento de las olivas es muy diverso y constituye una de las bases de la alimentación aragonesa: el más importante es el aceite, «oro líquido» con muchas propiedades para la salud, junto con las olivas aliñadas verdes o maduras y en la actualidad la fabricación de paté. Además, sus hojas tienen propiedades medicinales.

El olivar, representa uno de los ecosistemas cultivados más ricos y característicos ya que con el tiempo, se naturaliza y asemeja a una masa forestal. Forma parte indisoluble del paisaje más representativo de nuestro municipio, albergando multitud de pequeñas aves, como el tordo y el zorzal, que se alimentan de sus frutos.

Es un árbol de crecimiento lento y longevo por lo que podemos encontrar ejemplares centenarios. 

 

El almendro (Prunus dulcis)

También es uno de los árboles frutales más común en toda el área mediterránea y uno de los más típicos de esta zona, utilizado para la comercialización de sus frutos muy usados en repostería y en cosmética natural. Su floración temprana  hace que algunos insectos como las abejas encuentren en sus flores uno de sus primeros alimentos, siempre que coincida con temperaturas suaves.

La estepa cerealista

Está formada por grandes extensiones de cereal de secano: cebada (Horden vulgare), avena (Avena sátiva), trigo (Triticum aestivum)… utilizados desde la antigüedad para la alimentación del hombre y sus animales. Con ellos también se elabora cerveza, leches vegetales y productos cosméticos.

Su importancia ecológica radica en las aves esteparias que encuentran en ella lugar de cría y alimento (perdiz y codorniz).  Además, en sus rastrojos se alimentan los rebaños de ovejas y cabras, y otras especies salvajes como  la cabra montés, el corzo, el conejo de monte, la liebre…

En las lindes, caminos y campos abandonados crecen una variedad importante de plantas herbáceas y gramíneas: amapolas (Papaver rhoeas), ontinas (Santolina chamaecy parissus), avena silvestre (Avena fatua),cebadilla del campo (Hordeum murinum), bufalagas (Thymelaea hirsuta)… Y algunos arbustos como el rosal silvestre (Rosa canina), el espino negro (Rhamnus lycioides) y los característicos del monte bajo.

La mayor parte de la estepa cerealista se encuentra en la zona norte del municipio, adentrándose en la Depresión del Ebro y con una menor altitud (entre los 700 y los 500 m.) por lo que encontramos otras  especies como el albardín (Ligeum spartum) que se ha utilizado para sustituir al esparto aunque es de menor calidad, la retama (Retama sphaerocarpa) llamada popularmente ginesta que crece en los bordes de caminos y carreteras y la capitana (Salsola kali) que es un excelente bocado para las ovejas cuando crece tierna en los rastrojos y una vez seca es arrastrada por el viento rodando sobre los campos.  

Los huertos familiares

Cultivados casi todos ellos en el entorno del cauce y afluentes del Regallo, también han tenido y siguen teniendo su espacio, con especies hortícolas y frutales tradicionales como nogueras, membrilleros, higueras, azarollos, etc., aunque algunas de ellas en la actualidad con presencia muy escasa. El aprovechamiento de los frutos de estos árboles era imprescindible para la subsistencia de las familias durante el invierno, pues con ellos se hacían mermeladas y confituras  o se desecaban sobre cañizos.

Muchos son los animales que habitan en este entorno y otros que se benefician de los productos que se cultivan: abejas, mariposas, mariquitas, caracoles, babosas,multitud de pequeñas aves, erizos, ratones…

El nogal o noguera (Juglans regia) era uno de los frutales más cultivados  por lo apreciado de sus frutos, las nueces, que se consumían tanto en fresco como en variadas recetas de repostería. Con ellas, recogidas en verde durante el mes de junio, se elabora el popular vino de nueces. En la actualidad han vuelto a cobrar importancia por sus propiedades para la salud pues son muy ricas en aceites esenciales omega 3 insaturados.

Los ejemplares que encontramos diseminados por nuestros campos tienen grandes dimensiones y sirven de cobijo y lugar de cría a pequeñas aves; con las nueces se alimentan algunos roedores.

La higuera (Ficus carica) es otro de los árboles cultivados más característicos aunque la podemos encontrar asilvestrada por la acción de aves y pequeños mamíferos que se alimentan de sus frutos; de esta forma puede crecer en lugares insospechados como grietas de rocas o de construcciones.

Fructifica dos veces al año, en primavera y a final de verano. Los frutos son muy apreciados por su sabor y cualidades nutritivas; los de color verde se llaman higas y los de color violáceo, higos o higotes. Además de consumirlos en frescos, se hacen mermeladas y se desecan para comerlos todo el año.  

El membrillero (Cydonia oblonga) es un pequeño frutal con porte arbustivo o de pequeño arbolillo muy popular por sus frutos, los membrillos, que no se consumen directamente sino transformados en mermeladas o en carne de membrillo. También se utilizan para perfumar armarios por su buen aroma.

El serbal común o azarollo (Sorbus domestica) ha quedado relegado a los ribazos de algunas huertas y campos de secano. Sus frutos, las azarollas, deben de comerse muy maduras y antiguamente las insertaban en largos “rosarios” para que se secasen. En la actualidad no se consumen pero sirven de alimento a muchas aves.

Dice la tradición que si te comes 9 azarollas verdes la Noche de san Juan puedes cambiar de sexo. No se ha demostrado todavía porque en ese tiempo su amargor y aspereza es tan grande que es imposible comerse ni tan siquiera una.

El laurel (Laurus nobilis) es un pequeño arbolillo imprescindible en todos los huertos por sus cualidades culinarias, pues sus hojas aromáticas se utilizan en multitud de guisos, y por sus propiedades medicinales. También se colocan en los armarios para evitar la presencia de polillas. Las ramas del laurel junto con las del olivo sustituyen a las palmas el Domingo de Ramos.

La ganadería

El pastoreo con ganado ovino ha sido y sigue siendo, aunque en la actualidad más reducido, el más representativo, habiéndose transformado buena parte de él en semiestabulado.

 

                                                    

El carbón, recurso natural motor de la economía

Hace 90 m.a. (Cretácico inferior) toda esta zona era una llanura costera formada por marismas y por grandes bosques propiciados por un clima subtropical. Sus restos fueron quedando enterrados y cubiertos por diversas capas originadas por avances y retrocesos del mar. Al quedar aislados del oxígeno, organismos anaerobios los fueron transformando hasta convertirlos en carbón. La orogenia Alpina que se produjo hace 65 m.a en el  inicio de la Era Cenozoica, plegó todos estos materiales y la erosión se encargó de dejar al descubierto parte de ellos originando diversos afloramientos como el de la Val de Ariño compartido por los municipios de Ariño, Alloza y Andorra.

Estos yacimientos han constituido uno de los recursos naturales que más han contribuido al desarrollo económico de la zona y de  varios municipios de su entorno.

Desde la década de los 50 la economía se ha sustentado en el sector de la minería del carbón y la producción eléctrica a través de la Central Térmica Teruel de ENDESA. En las últimas décadas y debido a la reconversión iniciada preveyendo el fin del sector minero-energético, se han ido instalando algunas empresas del sector del cartón y agroalimentario, a todas luces insuficientes para la recolocación de los trabajadores dependientes del sector energético.

El anuncio de cierre de la CT Teruel en junio 2020 ha disparado todas las alarmas estando actualmente en una situación de  futuro incierto, siendo necesaria una etapa de transición ecológica justa en la que se vaya generando la tan deseada diversificación y reindustrialización de la zona.

Tras la finalización de la actividad minera se procedió a la restauración medioambiental  de los terrenos y dadas las condiciones climáticas y la aridez del entorno, este proceso fue muy complejo.  Fue necesario dar forma a los vasos receptores removiendo y preparando las tierras para conseguir una superficie más regular, se impermeabilizaron suelos y se construyeron  infraestructuras para el aporte y recogida de aguas.

Una vez preparado el terreno se procedió a la revegetación y reforestación. En las plataformas se cultivaron,  en la primera fase, cereales para estabilizar el suelo y posteriormente, en una segunda fase, se plantaron árboles frutales, olivos y viñedos. En los taludes de escombreras se implantaron masas forestales con especies autóctonas.

En algunas superficies se crearon humedales en los que se desarrolló la flora característica y con ello fue posible el asentamiento de aves acuáticas migratorias.

 

Vegetación 

 

La vegetación potencial de la mayoría del término de Andorra corresponde al  ecosistema de monte mediterráneo aunque en algunas zonas encontramos ecosistemas húmedos localizados en puntos de agua como el cauce de los diferentes arroyos y barrancos o de recogida de aguas de lluvia. En la actualidad y debido a la importante intervención humana, una gran parte de esta vegetación potencial ha sido sustituida por extensos cultivos, matorral de degradación, pinares de repoblación y monte bajo.

MONTE MEDITERRÁNEO – ECOSISTEMA HÚMEDO 

 

Monte mediterráneo

Es el ecosistema natural  más importante debido a su extensión. La vegetación característica corresponde al área biogeográfica en la que se sitúa: la región mediterránea y dentro de ésta al piso bioclimático Mesomediterráneo que alcanza hasta los 700-800 m de altitud. En general se trata de una vegetación esclerófila adaptada al déficit hídrico, caracterizada por tallos leñosos junto a hojas duras y pequeñas, en la que predomina el monte bajo y el pinar.

El pino carrasco y la encina son las especies autóctonas arbóreas representativas, si bien, en la actualidad los pinares pertenecen a repoblaciones efectuadas desde la década de los 50 del siglo XX aunque se han ido naturalizando y extendiendo de manera natural. El encinar no cuenta con representación actual ya que ha ido disminuyendo al igual que ocurre en toda el área mediterránea. Podemos encontrar hermosos ejemplares aislados y diseminados por todo el término, especialmente en El Plano y La Sarda.

El pino carrasco (Pinus Halepensis) es la especie autóctona más utilizada en las repoblaciones ya que se adapta a las condiciones extremas de aridez y deficiencia hídrica por lo que es ideal para colonizar las laderas de los montes. Realiza una función fundamental evitando la evolución de la erosión y ayuda a la regeneración del sotobosque. Distintivo de la especie es la persistencia de las piñas en el árbol durante varios años, aún abiertas.

Importante mantenedor de la biodiversidad, algunas aves rapaces hacen sus nidos entre sus ramas al igual que pájaros de menor tamaño como; otros aprovechan los huecos de los troncos. De las semillas de sus piñas se alimentan ardillas, piquituertos y ratones. Y sus hojas aciculares son devoradoras por la procesionaria, el insecto más defoliador de los pinares españoles.

Su madera, muy resinosa,  es utilizada para calefacción y cajerío ya que no tiene calidad para la carpintería.

La encina de nuestro medio (Quercus ilex ballota), conocida popularmente como carrasca, es distinta a la del área mediterránea ya que se encuentra adaptada a las condiciones de sequía y suelos pobres. Sus hojas son más redondeadas y anchas. Es muy resistente al frío pero no soporta las heladas fuertes, al igual que el pino. Es una gran ahorradora de agua pues en época de sequía los estomas de sus hojas se cierran para evitar la evaporación.

Sus bellotas alimentan a jabalís, ratones, ardillas y arrendajos. Gracias a éstos últimos crecen nuevas encinas porque tienen la costumbre de enterrar las bellotas que no se comen y muchas de ellas germinan.

Su amplia copa ha servido de refugio a pastores y ganado durante las horas más calurosas del verano.

Su madera, fuerte y dura, es utilizada en carpintería y para hacer carbón vegetal. 

Encontramos robles quejigos (Quercus faginea) en plena recuperación en diferentes puntos orientados al norte (Val de Molinos, Los  Cabos, Monte de San Macario, Carralloza…). Su característica principal son sus hojas marcescentes, que permanecen secas en el árbol hasta que las nuevas las empujan en primavera. En los brotes jóvenes suele presentar agallas de color marrón como defensa del árbol ante la picadura de una avispilla para realizar su puesta.

Otro de los árboles que merece nuestra atención es el pino piñonero (Pinus pinea) aunque el número de ejemplares sea bajo y se encuentren muy diseminados. Los más antiguos fueron plantados por personas de Andorra en sus bancales y gracias a las semillas  de sus grandes piñas, a su alrededor han ido naciendo y creciendo numerosos vástagos. Los piñones, que son comestibles, son ricos en aceite y están considerados como un preciado alimento.

fotos pino piñonero y pinas

El matorral arbustivo, representativo del llamado monte bajo y en una fase importante de regeneración, ocupa una gran superficie del término acompañando a las masas de pinares,  en las laderas de algunos relieves y en los ribazos que separan los bancales. En ocasiones se trata de un matorral de degradación que sustituye a antiguos bosques. Son especies de arbustos propias de terrenos áridos que desarrollan profundas raíces y detienen la erosión: enebros, coscojas, sabinas, aliagas…

El enebro (Juniperus oxycedrus) , también llamado chinebro, no forma enebrales sino que suele encontrarse solo o acompañando a pinos, encinas y sabinas. Se destilaba su madera para obtener el aceite de cada y sus frutos se utilizan para aromatizar licores y aguardientes como la ginebra. Su follaje de hojas punzantes sirve de refugio a muchos animales.

La sabina negra (Juniperus phoenicea) crece en suelos muy pobres colonizando incluso zonas inhóspitas como fisuras de rocas y arenales.  Los mirlos y zorzales acuden a comer sus frutos maduros y algunas pequeñas aves aprovechan su espeso follaje para construir sus nidos. Su madera es aromática y dura, no se pudre; tradicionalmente se ha utilizado para hacer utensilios agrícolas como portaderas y escaleras,  gayatas…

La coscoja (Quercus coccifera), llamada popularmente coscolla, es un roble de porte arbustivo. Sus bellotas, más amargas, han servido para alimentar al ganado. Presenta unas agallas de color rojizo en las hojas provocadas por la parasitación de un hemíptero de las que se obtenía un tinte de color rojo. Tras un incendio es uno de los primeros arbustos que  rebrotan y sus semillas germinan fácilmente por lo que facilitan la colonización de las áreas quemadas.

La aliaga (Genista scorpius) es un arbusto muy frecuente en nuestra zona que caracterizado por su estructura espinosa que protege el crecimiento de pequeños pinos y encinas y a los animales que se cobijan bajo su ramaje; y por sus vistosas flores de color amarillo que la cubren por completo en primavera . Tradicionalmente se ha utilizado para chamuscar la piel del cerdo en el matapuerco.

Junto a ellos existe  una gran riqueza en plantas aromáticas muy apreciadas entre la población por sus cualidades medicinales: tomillo (Thymus vulgaris), espliego (Lavanda angustifolia), romero (Rosmarinus officinalis), salvia (Salvia lavandulifolia)…

También son importantes para la elaboración de cosmética natural y perfumería porque sus aceites esenciales mantienen sus propiedades medicinales.

Un gran número de insectos, que se alimentan del néctar de sus flores, son imprescindibles en el proceso de polinización, como las abejas y las mariposas. De las abejas es muy popular y apreciada  la miel de romero y la de tomillo.

Una de las más utilizadas en Andorra es la hierba bancera (Plantago sempervires) que aparece en terrenos pedregosos distribuida por todo el término municipal. Sus usos son múltiples y derivan de sus propiedades antisépticas, emolientes y antiinflamatorias. Era muy habitual observar a las personas mayores cargadas con sacos llenos de esta planta para curar sus dolencias y las de sus animales durante todo el año.

Algunas se utilizan como condimento alimentario; entre ellas la ajedrea (Satureja montana) que es muy usada para aliñar las olivas verdes, aunque también tiene propiedades digestivas.

 

Ecosistema húmedo

Es importante no por su extensión sino por su contribución al mantenimiento de la biodiversidad ya que el agua, en una tierra árida y seca, se convierte en «fuente de vida» para multitud de seres vivos. Las zonas húmedas corresponden a balsas y humedales naturales distribuidos por todo el municipio y a las riberas del río Regallo y sus afluentes. Pequeños oasis que contrastan con la aridez que los rodea aunque muchos de ellos se secan en períodos de falta de lluvias y altas temperaturas.

El subsuelo posee una gran riqueza en acuíferos utilizados en su mayoría en los mases para uso doméstico y riego de pequeñas huertas; el agua se extrae por bombeo a través de pozos y se acumula en balsas de obra. Otros elementos de origen artificial son los balsetes y los abrevaderos, éstos últimos muy importantes para el abastecimiento de agua del ganado y fauna silvestre.

La vegetación de ribera característica de las zonas húmedas es escasa, salvo en algunos lugares como el Estrecho de la Cerrada donde crecen chopos negros (Populus nigra), álamos blancos (Populus alba), sauces blancos (Salix alba), mimbreras (Salix fragilis), olmos (Ulmus minor), tamarices (Tamarix gallica), cañas (Arundo donax), zarzas (Rubus ulmifolius)…

Foto del Estrecho

Los chopos negros son los más abundantes y es habitual encontrarlos solos en algunos puntos de agua. Es un árbol de crecimiento rápido y su etapa de floración es muy llamativa  pues al unirse sus semillas originan la lana seminal que el viento transporta a largas distancias. En la actualidad hay especies muy hibridadas. Los álamos blancos, pertenecientes a la misma familia, se caracterizan por el color blanquecino del envés de sus hojas. 

En lugares  como la Fuente Moreno o las Masadicas Royas hay choperas de repoblación.

El olmo fue un árbol muy extendido en el municipio, no sólo cerca de humedales sino en los bordes de las carreteras y caminos. Pero en las últimas décadas fue víctima de  la grafiosis, una enfermedad producida por un hongo, que diezmó su población. Actualmente, en lugares como el Sendero Botánico, están en proceso de regeneración y los ejemplares que encontramos  suelen tener forma arbustiva. Sus hojas tienen una característica especial: son asimétricas en la base.

Los sauces son las especies que crecen más cerca del agua pues necesitan más humedad. En ocasiones es difícil identificarlos porque se hibridan con mucha facilidad. Contienen en las hojas y la corteza ácido salicílico que tiene propiedades antitérmicas y antiinflamatorias. Gracias a la flexibilidad de sus delgados y flexibles vástagos son muy utilizados para la fabricación de cestería. En Andorra encontramos sauces blancos y mimbreras.

Foto sauces y mimbreras

La caña común es una planta herbácea arbustiva que forma densos cañares cuando dispone de la humedad que necesita. Ha sido muy utilizada para la construcción de cañizos y para la realización de labores agrícolas, sobre todo en los huertos. Sus troncos largos y huecos son adecuados para la fabricación de diferentes instrumentos musicales tradicionales.

En las balsas y puntos de agua encontramos plantas acuáticas, algas como el pan de rana, helechos como el culantrillo de pozo (Adiantum capillus-veneris) y  vegetación palustre: juncos (Juncus effesus) empleados para la fabricación de cestas y juguetes  caseros, aneas (Thypa latifolia) con cuyas hojas se han elaborado enseres domésticos como asientos de sillas y capazos,  carrizos (Phargnites communis) fundamental para la nidificación de aves acuáticas… 

 

Cabe destacar la presencia de un árbol muy extendido por todo el término  que aunque lo solemos encontrar en las cercanías de zonas más húmedas y huertas, también se adapta a los terrenos áridos  gracias a su sistema radicular muy bien desarrollado: el latonero o almez (Celtis australis). Muy popular tanto por el aprovechamiento de su elástica madera como por sus frutos maduros de color marrón, los latones, que sirven de alimento a personas y pájaros. Los niños utilizaban los «huesos» para diferentes juegos.

Los musgos y líquenes

Son una parte menos llamativa de la vegetación pero tienen una gran importancia ecológica. Los encontramos en zonas húmedas y umbrías.

Los musgos son excelentes protectores de fauna y flora pues mantienen la humedad equilibrando la economía hídrica del ecosistema, detienen la erosión, interceptan la lluvia, absorben los contaminantes del aire y favorecen el desarrollo de muchas plantas germinando sus semillas entre ellos con lo que ayudan a la reforestación natural.  Una de sus características más llamativa es su capacidad para absorber el agua, hasta 20 veces su peso, y luego liberarla lentamente en tiempos de sequía.

Algunas aves y pequeños mamíferos los utilizan para la construcción de sus nidos.  Entre los musgos podemos encontrar pequeña fauna que ayuda a la formación del suelo y que sirve de alimento a algunos animales como el jabalí. Son capaces de colonizar rocas, muros, troncos, suelos…

Los líquenes son  pioneros en la colonización de suelos desnudos y rocas expuestas y ayudan a la formación del suelo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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