La fauna es el conjunto de especies animales que habitan un área biogeográfica. Las características físicas (factores abióticos) y biológicas (factores bióticos) de cada área son las que determinan la existencia de unas u otras especies.

El ecosistema representa la unidad en la que conviven los factores abióticos (biotopo), es decir aquellos materiales naturales carentes de vida y los bióticos representados por todos los seres vivos (biocenosis).

Los factores abióticos:  el clima, el suelo y las rocas, la disponibilidad de agua, el relieve, la presión, la altitud, la humedad, la salinidad del agua, los nutrientes…interaccionan entre ellos y con las características de los seres vivos, determinando de esta manera las diferentes especies de animales que habitan en un ecosistema.

La fauna silvestre, es uno de los recursos naturales que forma parte del patrimonio natural de cada región junto a las plantas silvestres, constituyendo la biodiversidad de los ecosistemas de cada territorio.

A continuación se describen algunas de las especies que habitan en Andorra y en general la Comarca Andorra- Sierra de Arcos y adyacentes. Corresponden a especies del ecosistema: bosque mediterráneo configurado por el clima mediterráneo continentalizado.

 

En los pinares y monte bajo encontramos algunos mamíferos como la ardilla, el jabalí, el corzo, la cabra montés, el zorro, el tejón, la comadreja, la garduña, el conejo de monte, la liebre… aunque muchos de ellos buscan también  alimento en terrenos más abiertos y zonas de cultivo.

Micromamíferos como el ratón de campo, el topo, el topillo, la musaraña, el lirón careto… suelen ser la base de alimentación de muchas aves rapaces diurnas como el águila real, el águila perdicera, el milano negro y real, el cernícalo, el azor, el halcón común o halcón peregrino, el gavilán… Y nocturnas como el búho real, el búho chico, el autillo, la lechuza, el mochuelo…, algunas de las cuales también frecuentan los entornos urbanos. Las rapaces de mayor tamaño incluyen en su dieta una gran variedad de mamíferos, aves e incluso reptiles y además suelen nidificar en escarpes rocosos. El águila perdicera, que anida en nuestra comarca y utiliza nuestra zona para cazar, está declarada en peligro de extinción.

En las masas forestales y otras pequeñas zonas arboladas se observan otras aves como el pico picapinos, el arrendajo, el piquituerto, la tórtola común, la paloma torcaz, el carbonero común, el mirlo, el herrerillo, el pinzón…Y surcando los cielos en busca de carroña  buitres leonados y alimoches que nidifican en roquedos cercanos de otros municipios, además de córvidos como el cuervo común (con pocos ejemplares en nuestra zona), la corneja, la grajilla y la urraca.

En las zonas de cultivo y de matorral habitan especies cinegéticas como la perdiz roja y la codorniz que las encontramos junto a otras aves silvestres como la bisbita común, la cogujada común, el zorzal común, el estornino negro, el serín verdecillo, el jilguero, el verderón común, la alondra, la abubilla…

En zonas más húmedas como balsas, arroyos, charcos de aguas temporales y huertos destacan ofidios como la culebra de agua; anfibios como la rana común, el sapo común, el sapo corredor , el sapo partero; entre los insectos más comunes está  el zapatero y gran variedad de libélulas; y mamíferos como el erizo… 

El entorno urbano es un  ecosistema ideal de cría y alimento para aves como el gorrión, la tórtola turca, la paloma bravía, el vencejo, la golondrina, el avión común, la lavandera, el colirrojo tizón… y los murciélagos (mamíferos nocturnos). Es común verlas sobrevolando los edificios, criando en tejados y oquedades o buscando alimento  en calles y parques. Aunque algunas de ellas han experimentado un importante descenso de población como los gorriones y las palomas bravías. En cambio, muchas aves de otros hábitats se han adaptado a vivir en zonas ajardinadas y parques. Es el caso del estornino negro, el mirlo común, la grajilla, el carbonero común, la paloma torcaz, el verderón común, el serín verdecillo, el pinzón, el jilguero…

Los  insectos e invertebrados son muy importantes  porque intervienen en múltiples relaciones interespecíficas en los ecosistemas: depredan, polinizan, parasitan, descomponen biomasa muerta, dispersan semillas, extraen jugos vegetales y animales, cultivan hongos, etc. pero también sirven de alimento para una diversa fauna insectívora. Entre la inmensa diversidad de estas especies podemos destacar una gran variedad de mariposas incluida la procesionaria, abejas, mariquitas,  escarabajos, avispas y avispillas, lombrices, ciempiés, caracoles y babosas, saltamontes, grillos, cigarras, escorpiones…

 

La mayoría de especies animales son difíciles de observar, aunque podemos encontrar sus  huellas y rastros. Es muy común ver en los campos las huellas de jabalí, cabra montés, corzo y zorro; los restos de piñas comidas por ardillas, ratones o piquituertos; las marcas en los árboles o los musgos levantados en busca de lombrices y raíces causadas por el jabalí; los excrementos de zorros y garduñas en los que incluso se puede observar lo que han comido (semillas de higos y escaramujos, gálbulos de sabina y enebro…) o de conejo, en pequeñas acumulaciones y que utilizan para marcar con precisión los límites de sus territorios; las egagrópilas de rapaces nocturnas y diurnas, con restos de huesos, uñas y pelo de roedores o plumas de aves; los nidos en los árboles de aves de pequeño y mediano tamaño; las madrigueras de mamíferos como el conejo, el zorro y el tejón; las “camas” bajo los arbustos de las liebres o bajo los pinos de los jabalíes; las agallas de algunos insectos en árboles y arbustos…